Gatuna

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Rafael me azota, no me gusta pero prefiero esto a una catástrofe amorosa. He limitado nuestros contactos sexuales a algunos estirones de pelo sádicos, algunas bofetadas, algunos insultos simpáticos y a relaciones sin lubricante.

Creo que prefiero esto a sufrir su falta de amor por mi.

Quizá no lo entiendan pero es el único modo para deshacerme de este hombre.

Peludo y con los labios carnosos, lo conocí en un hotel en Londres. Se había fijado en mi en el bar, la noche de mi llegada. Yo estaba bebiendo a sorbitos, con mala intención, un oporto. A la mañana siguiente llamo a mi puerta, vestido solo con un albornoz. Le invite con toda sencillez a tumbarse a mi lado. Cosa que hizo.

La invasión del sol en mi cama y su gran cuerpo blanco y húmedo sobre el mio hicieron que me entrara pánico. Era realmente demasiado guapo para mi y endiabladamente caradura. El típico chico que me hace daño.

Al despertarse, olio mi frasco de perfume, inspecciono mi lápiz de labios y arranco algunos cabellos que se habían quedado enganchados en mi cepillo redondo.

Aquella misma noche, en su habitación, delante de un brandy, mientras chupaba con placer su miembro que me había festejado una hora antes, tuve una idea luminosa.

Un día Rafael me hará daño. así que mejor empezar ya desde ahora. Difuminemos el amor naciente con suculentas azotainas.

Le tendí el cepillo que el había inspeccionado aquella misma mañana y le ordene que me peinase el cabello con brutalidad. Divertido, se puso manos a la obra con mucho ímpetu, lo que me convenció de su propensión a hacerme daño. Me propinaba golpes de cepillo en la cabeza, me enredaba adrede mechones de pelo para después poder tirar mejor de los nudos…..

Mas adelante, compramos una varilla y aprendí a prosternarme firme delante de el, farfullando decenas de orgasmos cuando me pegaba.

Rafael, antes de romperme el corazón, lacerara mi culo.

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