El hotel

Origen: El hotel

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El hotel

Aurora azulada. Pronto el mar. En su coche, Triana avanza. Enciende un cigarrillo.

Después de una noche de amor, él la ha echado de su casa :

-Ya no te quiero- le ha dicho esta mañana al traerla el café a la cama.

Triana no entendió nada, vacilo y sintió que la empujaban hacia la escalera. Al verse con la ropa del día anterior en el suelo junto a sus pies, decidió que no volvería a casa para llorar.

Entonces,  tomó la carretera.

Los kilómetros se sucedieron, sus ojos rodaban como canicas.

Aquella misma noche, su esperma se había fundido sobre sus labios, argamasa cremosa y almendrada.

Recuerda el dulce despertar entre sus brazos, en cuchara, las palabras que le dijo, los dedos entrelazados.

No comprende.

Cómo es posible que después de pasar por la cocina vuelva hecho un grosero y le suelte eso a la cara. Y sin embargo,  Triana no estaba distinta de las demás mañanas del año.

Al igual que otras muchas veces al despertar, tenia su conejo aún  huidizo, el olor a sexo en su cuerpo, la sonrisa puesta. Se decía que le amaba y que la petición de mano se acercaba. Esperaba a que volviese de la cocina. Cuando atravesó el umbral de la puerta del dormitorio con la bandeja caliente en sus manos , la mirada decidida, los cojones danzantes y el ruido de sus pies desnudos sobre el parqué, lo encontró hermoso como cada mañana.

Aquella mañana lo hizo todo como siempre.Cuando ella sacó la cabeza de debajo del edredón, él la besó….Luego, aquellas horribles palabras cayeron de su boca.

Por fin, estaba llegando . El hotel al que se dirigía era inmenso. Parecía  una enorme fortaleza. Cogió una habitación que daba a la playa , abrió la ventana, encendió otro cigarrillo.

El día pasó tristemente; a la hora de la cena, no tuvo ganas de aparecer por el restaurante. Pidió una tortilla al servicio de habitaciones.

Unos minutos mas tarde, unos huevos humeantes y jugosos llegaron a su habitación traídos por un joven indeciso.

Triana todavía llena del semen de su novio se levanto para darle una propina pero sus palabras se adelantaron a su pensamiento  y le murmuro con aires de madama:

-Si doy cincuenta más ¿me podrías lamer?

Desconcertado, farfulló una respuesta que Triana no escuchó ya que, de espaldas a él se estaba desabrochando el vestido y se acercaba al sillón.

-¿Tienes tiempo? No me encuentro muy bien, esta noche me siento un poco triste y me apetece sentarme sobre tu lengua.

Entonces, con el uniforme, se inclinó  sobre ella, cogió sus tobillos, los miró  detenidamente y luego fue subiendo su mirada hacia el conejo.Dudaba un poco, pero ella le cogió por el pelo y le hundió el rostro en él .Grandes lenguetazos rasposos empezaron su trabajo. Triana olvidaba. La vida recobraba sus derechos.boca