Unos juegos sexuales que alcanzan la extravagancia

Aquí os dejo un relato de un buen amigo . Espero os guste

Píldoras contra el aburrimiento

Guillermo (nombre ficticio) es un hombre de mediana edad que, desde hace dos años, le muestra fidelidad a un ritual. Cada miércoles a la hora de ir a comer, se desplaza a una vivienda cercana a la Gran Vía (Salamanca) para materializar sus fantasías con la ayuda de una dominatrix que responde al seudónimo de Stacy

El reloj marca las 13:40 en la habitación de un inmueble situado cerca de la Gran Vía. La persiana está bajada, aunque no lo suficiente para evitar que se filtre la luz por algunos huecos. Un hombre de mediana edad se apoya en el suelo con las manos y las rodillas, como si imitara a un perro. Viste un tanga negro y del cuello le pende un collar con puntas metálicas. La imagen es ridícula, rebasa el esperpento. Pero a Guillermo no le importa. No le aterra mostrarse así.

En la estancia, se olvida…

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2 respuestas a “Unos juegos sexuales que alcanzan la extravagancia

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