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Manifiesto Delirista

Voy a escribir en muros toda mi tristeza,
Hasta que la lluvia borre parte de sus letras,
Si nunca he sido un hámster y jamás será mi rueda,
¿por qué entro en su juego una y otra vez?

“Manifiesto delirista” leerás en tu pared,
Son mis versos homenaje,
Tú ya sabes para quién.

Qué suerte que aún hay gente que lo hace fácil,
Aquellos que consiguen que fluya bien,
Y al resto de mezquinos ultra arrogantes
Buenas noticias: al infierno iréis.

Delirio amanecer, cuando ya piensas:
“se acabó”, te veo amanecer.

Creo que tengo otra vez el mojo,
Como el cabrón de Christian Grey,
Una vez hice de ángel,
Quizás sobreactué.
Quiero bailar contigo entre demonios,
Y rezarle a Dios después,
Si me toca purgatorio,
Ya me espabilaré.

Qué suerte que aún hay gente que lo hace fácil
Aquéllos que consiguen que fluya bien,
Los que convierten todo en estimulante,
Y entonces ves que hay más allá y vuelve a amanecer.
Delirio amanecer cuando ya piensas que no hay más,
He vuelto a amanecer.

Viva toda identidad, el mono y estéreosexual.
Que nadie es todo y nada a la vez,
Empuja el horizonte a tus pies.
Pensando el mundo en plan global,
Salvaba a más de la mitad.
Y al resto mi ignorancia,
Que se abran los idiotas
Y después, cierre el mar.

 

Qué suerte que aún hay gente que lo hace fácil,
Aquéllos que consiguen que fluya bien.
Qué suerte que aún hay gente que lo hace fácil,
Aquéllos que consiguen que fluya bien.
Y al mundo retorcido y ultra arrogante,
Buenas noticias: al infierno iréis.

Aún manifiesto fe en mis semejantes,
Los que dijeron NO a ver como ellos ven,
Ya soy capaz de huir de mi propia cárcel.
Y que corra el aire,
No lo dudes, no lo dudes.

Y volveré, a empujar a empujar,
El horizonte.
Y volveré, a empujar a empujar,
El horizonte.
Y volveré, a empujar a empujar,
El horizonte.

Unos juegos sexuales que alcanzan la extravagancia

Aquí os dejo un relato de un buen amigo . Espero os guste

Píldoras contra el aburrimiento

Guillermo (nombre ficticio) es un hombre de mediana edad que, desde hace dos años, le muestra fidelidad a un ritual. Cada miércoles a la hora de ir a comer, se desplaza a una vivienda cercana a la Gran Vía (Salamanca) para materializar sus fantasías con la ayuda de una dominatrix que responde al seudónimo de Stacy

El reloj marca las 13:40 en la habitación de un inmueble situado cerca de la Gran Vía. La persiana está bajada, aunque no lo suficiente para evitar que se filtre la luz por algunos huecos. Un hombre de mediana edad se apoya en el suelo con las manos y las rodillas, como si imitara a un perro. Viste un tanga negro y del cuello le pende un collar con puntas metálicas. La imagen es ridícula, rebasa el esperpento. Pero a Guillermo no le importa. No le aterra mostrarse así.

En la estancia, se olvida…

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